Bienvenido Mr. Lynch

 

Cuando la fuga psicogénica se desata ya no hay marcha atrás.

Empieza con una luz cegadora que se confunde con el compás rítmico de los dedos, absorbiéndote por dentro.

La mente gira en serpentinas y el cuerpo se moldea a la velocidad de un torbellino.

Ya no eres el mismo.

Es una experiencia mística.

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