Tempus fugit

 

  • Luis… ¿sabes en qué estoy pensando?
  • Pues no. ¿En qué?
  • En los años en que nos conocemos. ¿Cuántos deben ser? ¿50? ¿60?
  • ¡Boh! Pues ni idea. Pero yo creo que las bodas de oro ya las debemos haber cumplido… jajaja

Mario y Luis se conocían desde pequeños. Nacieron en el mismo barrio y fueron a la escuela juntos.  Cargaban a sus espaldas innumerables aventuras.

La vida les había tratado bien. Los dos estaban jubilados y con nietos, pero siempre encontraban un hueco para verse entre semana y contarse sus “batallitas” familiares.

Aquel bar era su pequeño santuario. En sus mesas aún se podía oler el vermut de la mañana pero ellos eran más de tomar quintos y jugar a las cartas. Entre muses y julepes siempre había espacio para bromas  y otras ocurrencias.

  • Lo importante no son los años, sino el espíritu. Recuérdalo Mario.
  • Pues este espíritu te recuerda que acabas de perder la partida y te toca invitar a otra ronda de quintos… jeje
  • ¡Ahí vamos! Sebas, ¡un poco más de gasolina por aquí!
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