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El Rincón de los Instantes

mes

octubre 2015

No queda más que batirse

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Acostumbrado a lidiar con rufianes y gente de baja alcurnia, aquella noche se le presentó un lance que cambiaría su destino para siempre.

– ¿Quién sois vos que os atrevéis a reíros de mí tan insolentemente? ¿A caso no sabéis quién soy?

– Ciertamente que lo sé. Llevo días en vuestra busca. Sois Álvaro Guzmán de la Marca, y debo deciros algo importante.

En ese momento Álvaro Guzmán sujetó la empuñadura de su arma y arqueó su ceja izquierda, señal inequívoca que se preparaba para otro duelo.

– Bien, pues desembuchad rápido que no tengo todo el día.

– Vuestra merced debería saber que su majestad el Rey ha puesto precio a su testa. 500 maravedíes. Y pienso cobrármelos cuanto antes.

Dicho esto dos sombras se abalanzaron por detrás del audaz espadachín. Su instinto de batalla le hizo reaccionar y pudo zafarse de ellos con rapidez. Con el acero blandió firmemente varios mandobles hacia la oscuridad con mortal puntería, pues enseguida sonaron sendos pesos que caían al suelo fulminados y retorciéndose de dolor.
Lo que no estaba previsto era que aquel bravucón, aprovechando la riña, le encajara un profundo corte en la oreja.
Todavía no había empezado a sangrar cuando por inercia de la Marca se giró a su anónimo adversario propinándole una certera estocada en su ojo derecho. El infame heraldo soltó un alarido que despertó a medio mundo.

– ¡Maldito bellaco! – profirió de la Marca – ¡Podré perder una oreja pero vos no os quedaréis atrás! Decidle a vuestra Majestad que acaba de cobrarse su deuda. Pues toda esta carnicería es más que suficiente. Aquí os la dejo para que hagáis morcillas con ella, que bien seguro le saciarán. Y si tiene alguna queja que se presente en persona la próxima vez.

Sobresaltado por aquella sentencia el despreciable emisario huyó como alma que lleva el diablo.

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Tempus fugit

Tempus fugit

 

  • Luis… ¿sabes en qué estoy pensando?
  • Pues no. ¿En qué?
  • En los años en que nos conocemos. ¿Cuántos deben ser? ¿50? ¿60?
  • ¡Boh! Pues ni idea. Pero yo creo que las bodas de oro ya las debemos haber cumplido… jajaja

Mario y Luis se conocían desde pequeños. Nacieron en el mismo barrio y fueron a la escuela juntos.  Cargaban a sus espaldas innumerables aventuras.

La vida les había tratado bien. Los dos estaban jubilados y con nietos, pero siempre encontraban un hueco para verse entre semana y contarse sus “batallitas” familiares.

Aquel bar era su pequeño santuario. En sus mesas aún se podía oler el vermut de la mañana pero ellos eran más de tomar quintos y jugar a las cartas. Entre muses y julepes siempre había espacio para bromas  y otras ocurrencias.

  • Lo importante no son los años, sino el espíritu. Recuérdalo Mario.
  • Pues este espíritu te recuerda que acabas de perder la partida y te toca invitar a otra ronda de quintos… jeje
  • ¡Ahí vamos! Sebas, ¡un poco más de gasolina por aquí!

El salto imposible

salto_imposible

 

Se dejó llevar por la pasión y no se lo pensó dos veces.

Cerró los ojos con fuerza  y liberó su cuerpo para posteriormente expandirse en el aire… y fundirse con el mar.

Jazzing

Jazzing

 

Aquella melodía le transportaba a otra dimensión, donde el tiempo y el espacio se confunden.

Las notas que se dibujaban en el aire viajaban a la velocidad de la luz hacia su cuerpo  y,  como un narcótico, le hipnotizaban.

¿Se encontraba solo?  Notaba unas presencias lejanas pero no llegaba a verlas.

De repente empezó a flotar y aparecieron destellos por su alrededor. Eran luciérnagas que giraban sobre él al compás de aquella música, como si de un baile se tratase.

Un vals eterno.

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