La puerta de la percepción

 

A medida que iba caminando resonaban en su cabeza aquellas palabras que ella le susurró la noche anterior. Sus pies se arrastraban sin rumbo fijo, vagabundeando.

No fue hasta que el olor del mar se apoderó de él que la vio. Allí estaba. Como si le hubiera estado esperando durante siglos.

Mientras se acercaba hacia ella se iba sintiendo más ligero. Parecía que el viento le estuviera cogiendo de la mano. Justo cuando llegó al umbral la voz que le había estado acompañando durante horas se detuvo.

Y se adentró hacia lo desconocido.

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