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El Rincón de los Instantes

Jazzologhy

 

 

 

 

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Exposición en Barcelona: “Cruce de Miradas”

expo

 

Universos paralelos que se cruzan en un zigzag interminable.
Miradas que hablan por sí solas, con suave complicidad.
Inspirad profundamente y dejaros llevar por ellas.

Pequeño Gran Niño

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A veces, con tantas responsabilidades… nos olvidamos de algo.

Una vez fuimos más bajitos, no parábamos de preguntar, de saltar, de reír, de sorprendernos por las cosas más sencillas.

Por eso, ahora, te propongo lo siguiente:

Hazte pequeño, formula preguntas, busca respuestas, explora a tu alrededor, canturrea, diviértete.

Ah! Y lo más importarte: ilusiónate sin preocuparte por el mañana.

¿Cómo decírselo?

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– Él:
¿Cómo decírselo?
Que las horas pasan volando cuando estamos juntos; riendo, cantando, bailando.
Que cuando la veo llegar siento mariposas en el estómago, como cuando tenía que empezar un examen.
Que desaparecen cuando empieza a sonreírme.

 

– Ella:
¿Cómo decírselo?
Que cada mañana cuando me despierto tengo ganas de enviarle un mensaje de buenos días.
Que los días se me hacen eternos hasta que quedamos para tomar algo.
Que me encanta que me explique su vida, sus inquietudes.
Que escuche las mías.

La teoría del Todo

La teoría del Todo

 

Años de vicisitudes

Meses en la oscuridad

Días difíciles

Horas inacabadas

Minutos tensos

Hasta que llegaron los segundos de la esperanza

Y de repente un nuevo universo les esperaba

Bienvenido Mr. Lynch

Bienvenido Mr. Lynch

 

Cuando la fuga psicogénica se desata ya no hay marcha atrás.

Empieza con una luz cegadora que se confunde con el compás rítmico de los dedos, absorbiéndote por dentro.

La mente gira en serpentinas y el cuerpo se moldea a la velocidad de un torbellino.

Ya no eres el mismo.

Es una experiencia mística.

Enigmático Fantástico

enigmatico_fantastico

 

Miraba hacia el horizonte

soñando en historias de zares.

Emperadores y gigantes,

guerreros con grandes planes.

 

Los recuerdos y memorias

se mezclaban en el cielo.

Y transformándose en Pegaso

un impulso lo llevó al vuelo.

No queda más que batirse

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Acostumbrado a lidiar con rufianes y gente de baja alcurnia, aquella noche se le presentó un lance que cambiaría su destino para siempre.

– ¿Quién sois vos que os atrevéis a reíros de mí tan insolentemente? ¿A caso no sabéis quién soy?

– Ciertamente que lo sé. Llevo días en vuestra busca. Sois Álvaro Guzmán de la Marca, y debo deciros algo importante.

En ese momento Álvaro Guzmán sujetó la empuñadura de su arma y arqueó su ceja izquierda, señal inequívoca que se preparaba para otro duelo.

– Bien, pues desembuchad rápido que no tengo todo el día.

– Vuestra merced debería saber que su majestad el Rey ha puesto precio a su testa. 500 maravedíes. Y pienso cobrármelos cuanto antes.

Dicho esto dos sombras se abalanzaron por detrás del audaz espadachín. Su instinto de batalla le hizo reaccionar y pudo zafarse de ellos con rapidez. Con el acero blandió firmemente varios mandobles hacia la oscuridad con mortal puntería, pues enseguida sonaron sendos pesos que caían al suelo fulminados y retorciéndose de dolor.
Lo que no estaba previsto era que aquel bravucón, aprovechando la riña, le encajara un profundo corte en la oreja.
Todavía no había empezado a sangrar cuando por inercia de la Marca se giró a su anónimo adversario propinándole una certera estocada en su ojo derecho. El infame heraldo soltó un alarido que despertó a medio mundo.

– ¡Maldito bellaco! – profirió de la Marca – ¡Podré perder una oreja pero vos no os quedaréis atrás! Decidle a vuestra Majestad que acaba de cobrarse su deuda. Pues toda esta carnicería es más que suficiente. Aquí os la dejo para que hagáis morcillas con ella, que bien seguro le saciarán. Y si tiene alguna queja que se presente en persona la próxima vez.

Sobresaltado por aquella sentencia el despreciable emisario huyó como alma que lleva el diablo.

Tempus fugit

Tempus fugit

 

  • Luis… ¿sabes en qué estoy pensando?
  • Pues no. ¿En qué?
  • En los años en que nos conocemos. ¿Cuántos deben ser? ¿50? ¿60?
  • ¡Boh! Pues ni idea. Pero yo creo que las bodas de oro ya las debemos haber cumplido… jajaja

Mario y Luis se conocían desde pequeños. Nacieron en el mismo barrio y fueron a la escuela juntos.  Cargaban a sus espaldas innumerables aventuras.

La vida les había tratado bien. Los dos estaban jubilados y con nietos, pero siempre encontraban un hueco para verse entre semana y contarse sus “batallitas” familiares.

Aquel bar era su pequeño santuario. En sus mesas aún se podía oler el vermut de la mañana pero ellos eran más de tomar quintos y jugar a las cartas. Entre muses y julepes siempre había espacio para bromas  y otras ocurrencias.

  • Lo importante no son los años, sino el espíritu. Recuérdalo Mario.
  • Pues este espíritu te recuerda que acabas de perder la partida y te toca invitar a otra ronda de quintos… jeje
  • ¡Ahí vamos! Sebas, ¡un poco más de gasolina por aquí!

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